Aderezos practicados en la iglesia mudéjar de Gajates

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Hemos hablado de las características particulares de nuestra iglesia y de cómo se muestra después de su restauración, pero conozco otros asuntos, fruto de la investigación, dignos de darles luz, y que tienen que ver con las distintos reparos y modificaciones, que ha experimentado el edificio a lo largo de su historia. El tiempo y la intemperie, junto con la fragilidad del material empleado en su construcción, nos han privado de conocer, en su integridad, su contenido estructural y decorativo.

Los libros de fábrica de la parroquia nos permiten describir las distintas reformas, que se han ido aplicando a nuestro templo a partir de 1630, pues, anterior a esa fecha, no disponemos de documentación en el archivo. En 1635, hubo que componer un pedazo del artesonado que se hundió; en 1642, se hundió el tejado de la tribuna, se lució la iglesia y la capilla mayor de yeso, y se puso una reja a la ventana de la capilla mayor; en 1706, se compone el tejado de la iglesia; en 1716 manda que se blanquee de yeso la capilla mayor; en 1723, es necesario el pronto reparo de su tejado y de la torre; en 1740, se trasteja de nuevo el tejado, se blanquea la iglesia por su interior, se embaldosa, se hacen las gradas, se compone el presbiterio y se pone una puerta nueva a la sacristía, dirige la obra el maestro Francisco Estrada, con el presupuesto de dos mil quinientos reales; en 1748, se llevó a cabo una importante remodelación de la iglesia. Se sustituyó el portal viejo por uno nuevo; se enladrilló la tribuna y se levantaron sus laterales, se blanqueó la iglesia, se enrolló la iglesia alrededor y el portal, se colocó una escalera para subir del coro a la torre, con un presupuesto de dos mil quinientos treinta ocho reales; en 1778, se reparó la capilla mayor que amenazaba ruina, como declaró el maestro Juan Álvarez de Salamanca, y se practicó por Joaquín Domínguez, maestro albañil, vecino de Alba de Tormes, con idea, dirección y traza de don Simón Gavilán, maestro de obra vecino de Salamanca, que la reconoció, personalmente, por orden del señor Provisor, la obra importó once mil setecientos noventa y dos reales; se puso el púlpito y su escalera de hierro, obra de Juan Servate, vecino de Villoria, importó mil novecientos ochenta reales. Pero fue, en 1793, cuando la iglesia recibió un reparo importante, pues se encontraba muy maltratada. Hubo que fortalecer sus mechones, restaurar bóvedas, colocar puertas nuevas, adecentar coro y el baptisterio, componer todo el tejado. La obra fue proyectada por don Lesmes Gavilán, maestro, vecino de Salamanca, y, por encargo de éste, dirigida por Ramón Múñez, arquitecto, vecino de Alba de Tormes. Su presupuesto ascendió a veintiocho mil novecientos dos reales.

La sacristía, que iba adosada al presbiterio y que se eliminó en la restauración, se construyó en 1633. El encargado de levantarla fue un maestro albañil de nombre José Flores; en 1779, se puso el tejado nuevo a la sacristía y se encaló por dentro y por fuera. Se puso una cajonería que ocupó todo el frente para los ornamentos y, a los lados, para los vasos sagrados y alhajas de plata, y un dosel al Santísimo Cristo que está en ella; que el cuarto que hoy sirve de panera, a la izquierda del soportal, se coloquen las andas, ataúdes, hacheros, y la panera se haga en otro lugar, donde no incomode con los ratones como sucede ahora.

Los retablos.

Desconozco si, anteriormente, la iglesia de Gajates disfrutó de retablos. No tenemos documentación anterior al siglo XVII. En la visita episcopal de 1719, su Señoría manda que se haga el retablo de la capilla mayor. El beneficiado y el mayordomo, con la licencia del señor Obispo, se ponen al habla con Antonio Martín, maestro de hacer retablos, vecino de Alba. Se persona por el lugar, toma medidas, y escuchadas las sugerencias del párroco y del mayordomo, se compromete a realizar la traza. Se discuten las condiciones, plazos, presupuesto y gastos de portes y desplazamientos para asentarlo, y, a los pocos días, el notario extiende el contrato, que ambas partes firman y responsabilizan con sus bienes. Se descargan por el coste de la obra mil seiscientos reales. Instalado el retablo, se encarga una mesa de altar de cantería, porque la que antes existía era de adobe.

En la visita 1723, su Señoría manda que los feligreses labren, cada año, una senara de cuatro o cinco huebras, y, con los frutos que se recojan, se vaya aseando la iglesia y, especialmente, se hagan las imágenes de santos de bulto, que han de llenar los huecos del retablo de la capilla mayor. La primera imagen, que se colocó, fue la de San Salvador, cuya hechura importó trescientos treinta reales; y, a continuación, se asentaron las tallas de San Andrés, San Nicolás de Bari y San Ramón Nonato, valoradas las tres en cuatrocientos cincuenta reales de vellón.

En la Visita 1727, un devoto de Nuestra Señora dona a la imagen seiscientos veintitrés reales y veintiocho ovejas. El beneficiado manifiesta a su Señoría que la Virgen necesita un retablo; de inmediato, le da licencia para que se ponga en contacto con un maestro de retablos; pero, en la visita de 1730, su Señoría rectifica y ordena que, con el dinero y las ovejas de la imagen de Nuestra Señora, se hagan dos retablillos: uno para Nuestra Señora, y otro, para el Cristo de la Veracruz.

En 1761, se manda dorar el retablo mayor de esta iglesia, para lo que se da comisión a su beneficiado. “Quien procure informarse de persona inteligente antes de sacar a remate para proceder en él con todo conocimiento, y, en caso de no tener bastante caudal para dicho efecto, se pueda valer de los caudales de la iglesia de Galleguillos, llevando cuenta y razón en las cuentas de una y otra iglesia del empréstito que hicieren, para que conste, por si llegase el caso, de necesitarlo la iglesia de Galleguillos”.

En 1762, se doraron el retablo mayor, que, junto con una peanita que se hizo y un adorno para exponer el Santísimo, importó 3.264 reales; el de Nuestra Señora del Rosario, 690 reales, y el del Santísimo Cristo, 590. La iglesia pagó 360 reales, y el resto, la cofradía de la Cruz.

Se cumplían los diez años (1818), desde que se construyó el pie de la veleta de la capilla mayor, cuando un rayo lo pulverizó, tostó muchas partes del retablo e hirió las paredes de la epístola y del evangelio. Fue el 5 de junio de 1828. El daño fue grande y hubo que recomponer el tejado, el machón de la veleta y adecentar el retablo y las paredes de la capilla.

Eutimio Cuesta

La Iglesia de Galleguillos

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Galleguillos es una de las aldeas que se fundaron a raíz de la repoblación de Alfonso IX, en 1224, con población gallega. La acarician las aguas escuálidas de un cacho de río, de nombre Gamo, que unos kilómetros atrás, deja a Gajates. Como pueblo nuevo, construye su iglesia al ritmo de su vivienda. Unas cuadrillas de alarifes mudéjares, por encargo del Señor, se distribuyen por el alfoz de Alba y comienzan a levantar iglesias, utilizando los materiales que tenían más a mano y, también, en función de los recursos de que se disponía. Ellos eran muy conocedores de la arcilla y de sus aplicaciones, y se sirvieron, de ella, para elaborar el ladrillo. Y, posiblemente, La tradición ceramista de los albenses tiene su cuna en este periodo, y, no es descabellado pensar que, en ese lugar, estuviesen ubicados los hornos de ladrillos, que abastecían estas obras cristianas. Los hornos de cal abundaban en las Kalamas, a no muchos kilómetros de distancia.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, filial de la de Gajates, es de pequeñas dimensiones, con dos naves y un ábside semicircular de tramo recto. Mide en su interior 20 metros de longitud por 8 en la parte más ancha. En su exterior, conserva, del recinto mudéjar primitivo, todo el muro sur, en el que está la puerta de entrada; el arranque con los seis arcos del antiguo ábside; y, en el muro norte, a la altura del presbiterio, enseña un arco ciego de medio punto doblado.

La pared meridional está articulada con cuatro arcos de doble arquivolta a medio punto doblados, visibles por dentro y por fuera, rematados por imposta de ladrillos en esquinilla, y separados entre sí por una pilastra a modo de alfiz; encima de los dos arcos de la derecha, figura una imposta con ladrillos a sardinel, rematada por pequeños arquillos de medio punto; Todo esto falta en los dos arcos, que están situados hacia los pies. La puerta la interrumpe, en su mitad; aparece situada entre dos pilares con arco de medio punto, cobijado éste bajo otro ligeramente apuntado y doblado. Como resultado de la restauración de 1985, en lo que afecta a su lado sur, fue derribada una sacristía moderna (construida en 1750), adosada al antiguo presbiterio.

El interior conserva los más interesante del edificio primitivo: sus dos naves, separadas por cuatro pilares cruciformes y escalonados, que soportan tres arcos de medio punto con triple rosca e imposta de nacela en su intradós. La capilla mayor, de cabecera curva y amplia, se encuentra muy reformada. Conserva el cuerpo inferior decorado con arquerías de medio punto, rematadas por un friso de ladrillo en esquinilla. El resto del ábside y la bóveda de cuarto de esfera corresponden a una reconstrucción posterior, lo mismo que la cúpula sobre pechinas que cubre el presbiterio.

Sobre este punto, traigo a colación el comentario que hace el visitador episcopal sobre el mal estado de la iglesia de Galleguillos en el “libro de los lugares y aldeas del Obispado de Salamanca” (Manuscrito de 1604 – 1629): “cuia capilla mayor está maltratada, quiérenla reparar porque tienen materiales, cal y madera…”
Y siguiendo las reseñas explicativas del libro de fábrica de esta época, comento:

En 1629, “mandó su merced se repare y adecente la nave delantera de la iglesia de dicho lugar, a tanto tienen licencia para ello del señor provisor de Salamanca, el beneficiado y el mayordomo procuren se haga brevemente, concertándola con persona perita en el arte”.

En 1632. “Su merced vio ocularmente que la primera nave de la iglesia está muy mal reparada y amenaza gran ruina, si no se acude con tiempo a su reparo: que es muy forzoso; por tanto, mandaba y mando que el beneficiado y mayordomo hagan condiciones para hacerla de nuevo, y la pregone el dicho beneficiado nueve días de fiestas y admita posturas”.

La obra se llevó a cabo en 1636. Se gastaron, en ella, 28.346 maravedís. Se detallan los gastos: tres carros de cal, diecisiete docenas de tablas, cuarenta y tres cuartones a tres cuartos, mil ciento cuarenta tejas, clavos y jornales de oficiales. Y mandó que la capilla mayor se macice de madera y cal, conforme está lo demás, y se haga con toda brevedad.

Tenemos otro apunte de 1791, que nos da más luz sobre las distintas reformas que ha sufrido el edificio a los largo de su historia:

“De los materiales y obreros de la capilla que se hizo en esta iglesia para estar su artesonado, y paredes arruinándose en parte, y de orden dada para su reparo en santa visita, se descargan 11.675 reales, en que entra el retejo de toda la iglesia, pero no el revoque de lo exterior de sus paredes por no haber, por ahora, la cal necesaria”.

La espadaña se levantó en 1754, aprovechando el arreglo del tejado, tras hundir el pedazo que corresponde a la tribuna.

En cuanto a la decoración escultórica, recordamos que, en 1706, se asentó un retablo en la capilla mayor; desconocemos si, anteriormente, hubo otros.

Nos consta que, en 1662, se mandó estofar la imagen de Santa Bárbara y hacer una tabla, para asiento de la Santa.
En 1728, Antonio Martín, vecino de Alba y maestro de retablos, añadió una hornacina al retablo de la iglesia para Nuestra Señora.

En 1769, se colocó un nuevo retablo en la capilla mayor, obra de entallador Fernando Gavilán; su importe fue de mil ochocientos diez reales: mil setecientos costó el nuevo retablo con las esculturas de los santos, San Gregorio y San Antonio; y los ciento diez restantes, del porte, de los gastos de los maestros el tiempo del asiento y la reforma del retablo viejo; en 1794, se descargan 2.800 reales que costó dorar el retablo mayor y estofar sus imágenes, pagados a Joaquín Pérez, vecino de Salamanca, y dorador de oficio.

Galleguillos guarda, en su iglesia, cuatro antiguas tallas que reflejan el más puro estilo de los siglos XII, XIII y XIV. Se trata de cuatro figuras estáticas, de madera policromada, con los rasgos hieráticos propios de este estilo artístico. Se trata de un San Bartolomé, una Virgen Sedente, otra virgen más y un San Juan que pertenecían a un Calvario, de cuyo Cristo no se sabe nada y se asegura por el pueblo que fue vendido. Estas cuatro esculturas se hallaron, en los años ochenta, tapiadas en la iglesia entre un retablo y una pared y, desde hace tres años, se pueden admirar, totalmente restauradas, en la iglesia de la localidad.

Fue declarada Bien de Interés Cultural, en 1993.

Bibliografía

  • “La Arquitectura Románico – Mudéjar en la provincia de Salamanca”, Prieto Paniagua, Mª R. CES. 1980.
  • Románico Digital.com
  • Libros de fábrica de Galleguillos.

Eutimo Cuesta

La Iglesia de Gajates

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La Iglesia de El Salvador se encuentra en la Plaza de don Pedro Aponte, llamada así por encontrarse dentro de la Iglesia el sepulcro de este clérigo, “Beneficiado de Gajates”. Este sepulcro (de finales del siglo XVI) permanecía oculto, bajo un arco de medio punto y fue descubierto en una de las recientes restauraciones del templo. La Iglesia es de una sola nave con ábside semicircular y tramo recto; mide en su interior 25’10 metros de largo por 7 de ancho. Se trata de uno de los templos mayores de la zona.

Hasta hace unos años, una gruesa capa de mortero y encalado enmascaraba sus formas mudéjares más puras. Tras la reforma, se pudieron a descubrir uno de los distintivos más singulares del denominado “Románico del ladrillo”: sus arquerías ciegas superpuestas con doble y triple rosca, que configuran el ábside en su cara interior y exterior, y que remata, en su cornisa con la decoración reducida de unas filas de ladrillos esquinados, que sólo muestran uno de sus ángulos; otra peculiaridad típica del mudéjar- románico es la bóveda de ladrillo, en este caso, de media esfera, apoyada sobre los resaltes planos de sus muros, técnica que descarta la importancia de la columna, imprescindible en los templos de cantería. Se trata, por lo tanto, de una arquitectura de albañilería frente a la cantería de románico y el gótico, basada en la utilización de materiales baratos: el yeso, el ladrillo y el barro vidriado, que, al alarife, le resulta fácil conseguir en el medio, y que se ajusta a la precaria situación económica de los contratantes.

Sus muros son muy gruesos, y como ya hemos indicado, están estructurados por un esqueleto de arquerías ciegas de escasísima proyección, superpuestas en varias franjas, constituyendo una especie de muro compuesto, sistema que le proporciona solidez y, a la vez, aspecto decorativo por su riqueza aparente y por su color. Sin duda, es lo que se conserva de su estructura original, por lo demás, el templo ha recibido añadidos a lo largo del tiempo.

Además, muestra un pequeño pórtico con siete columnas de granito del siglo XVI. A los pies, se erige la torre, que es, en su base, de sillares de granito, más arriba de mampostería y, finalmente, de ladrillo y vierte a cuatro aguas
La iglesia de Gajates es un ejemplar del arte mudéjar, estilo que se le considera como hijo del hispanoárabe, y que Amador de los Ríos propone esa denominación, apoyándose en que así se llama a los árabes sometidos a los cristianos. El mudéjar es un estilo, esencialmente, decorativo y consiguió crear obras de deslumbrante por su riqueza aparente y por su color, pero, sobre la base, de materiales baratos, como el yeso, el ladrillo y el barro vidriado.
Podemos datarla, como las demás iglesias de su entorno, a mediados del siglo XIII, después de la repoblación del alfoz de Alba de Tormes por Alfonso IX, que tuvo lugar en 1224.

De vuelta de la visita a la iglesia, me señalaron los restos de unos muros ruinosos, que aparecen a las afueras de la localidad, próximos al camino. En Gajates, le nombran “el palacio”, y que, verdaderamente, lo fue, a pesar de que hoy sólo quedan en pie dos paredes ruinosas, una de ellas con dos ventanas saeteras. En el “Libro de los lugares y aldeas del Obispado de Salamanca” (1604-1629), un clérigo anónimo, visitador oficial del Obispado que recorrió durante unos años la diócesis salmantina, al referirse a Gajates, además de los apuntes relativos a sus rentas, estado de la Iglesia y sacristía, hace este comentario “Aquí tienen los Duques un Palacio bueno”. No sabemos mucho más, salvo, su pertenencia a la Casa de Alba. Actualmente se encuentran en la tierra de un particular.

Eutimio Cuesta

Ruta del mudéjar en la provincia de Salamanca

Me gustaría haceros una propuesta. Muchas veces, al planificar unas vacaciones, un puente o un fin de semana, buscamos lugares lejanos y obviamos que, muy cerca de nuestros lares, disponemos de un verdadero joyero de pequeñas iglesias de estilo románico – mudéjar, que merece la pena visitar. Se trata de los pequeños templos parroquiales de Gajates, Galleguillos, Turra y Pedrosillo de Alba.

mudejar-salamancaPero, antes de sentarnos en sus bancos a contemplar su arte y belleza, nos vamos a detener en explicar las características más señeras de este estilo popular.

El término mudéjar procede del árabe “mudajalat” y, posteriormente “mudayyan” (“gente que permanece”, “gente rezagada”), y se le aplicaba a los musulmanes que, una vez conquistada la tierra en que habitaban, prefirieron quedarse en ella, sometiéndose, voluntariamente, como vasallos a los reyes cristianos, y conservando así sus haciendas, leyes y prácticas religiosas Estas personas pertenecían, sobre todo, al pueblo llano, pues la verdadera aristocracia árabe había emigrado.

En el caso del arte, el término mudéjar sería “el arte hecho por musulmanes sometidos en tierra de cristianos”, pero la colaboración entre cristianos y musulmanes fue tal, que sería imposible distinguir lo realizado por unos u otros. Las obras son en su mayor parte anónimas, podrían ser de mudéjares, o, simplemente, de cristianos muy islamizados, o que adoptaran una técnica nueva. Las relaciones entre unos y otros eran muy estrechas, y el influjo cultural de musulmanes sobre cristianos muy grande. El estilo ha recibido varios nombres, desde” morisco” y “románico del ladrillo”, hasta tomar, definitivamente, el de mudéjar, que, finalmente, se podría definir como “aquellas obras hechas en territorio cristiano en las que aparecen procedimientos de construcción árabes y estructuras cristianas”. Se trata de un arte eminentemente rural, pues la mayoría de las iglesias surgen en núcleos de población pequeños y de un marcado carácter popular, pues es un arte realizado por el pueblo.

Las iglesias surgían según las necesidades de cada población y según los gustos de los artesanos que las trabajaban. Lo que sí da carácter y unidad al estilo es el material con el que está realizado: el ladrillo. Su utilización se debe a varios factores: el primero económico, ya que la mayoría de las iglesias se encuentran en una zona con abundancia de arcilla, y este material sería el que tendrían más a mano y, por tanto, también el más barato.

Estas iglesias empiezan a surgir en la segunda mitad del siglo XII y durante el XIII, y siguen repitiendo las mismas formas durante el XIV. La forma de construir era la empleada por los musulmanes, consistiendo en poner ladrillo a la vista, y, entre ladrillo y ladrillo, una gruesa capa de argamasa, llamada “llaga”, del mismo grosor que el ladrillo. Todas ellas tienen en común el empleo de estructuras románicas. La planta es la misma que la de las iglesias en piedra, puesto que es un arte cristiano y tiene que adaptarse a su función, es de una o tres naves con sus correspondientes ábsides, abundando más la iglesia de pequeñas dimensiones y de una sola nave.
Se puede apreciar el gusto árabe en la decoración, siendo el elemento fundamental el arco ciego, que, en su conjunto, forma la arquería. Este motivo se repite incesantemente, respondiendo a una mentalidad muy oriental. También se aprecia la preocupación por el color, conseguido con la combinación del ladrillo y la “llaga”. De aquí se deriva también su carácter musulmán: el interés por la decoración efectuada a base de elementos geométricos, al contrario del arte occidental, en el que predominan los motivos de tipo naturalista. En conjunto, el románico-mudéjar puede resultar austero si se compara con el lujo de las construcciones propiamente musulmanas, pero hay que tener en cuenta de que el románico es un estilo sobrio.

La mayor parte de estas iglesias ha sufrido bastante deterioro, debido al material empleado en su construcción, menos resistente que la piedra, y a las dificultades económicas de los ayuntamientos de estos pueblos; pero, desde hace unos años, se ha emprendido un lento proceso de rehabilitación de algunas de ellas, que están permitiendo su mantenimiento y evitando su ruina.

Ahora os propongo las visitas a las Iglesias de Gajates, Galleguillos, Turra y Pedrosillo. El próximo día, tomamos la bicicleta y nos acercamos a Gajates y, en días sucesivos, tenemos cita en Turra, Galleguillos y Pedrosillo.
Sin agobiarnos, que el tiempo es nuestro.

Eutimio Cuesta