CERDOS, VACAS Y BUEYES EN TERRADILLOS

En estos tiempos que corren uno no puede dejar por arte los innovadores platos que en un ambiente relajado con amigos con una buena carne de cerdo y vino de cosecha está fuera de lo común.
La gestación de la madre cerda dura un periodo de tres meses, tres semanas y tres días puede parir entre cuatro y ocho cerditos, generalmente de noche, amamantando en el momento de nacer y durante 21 días. Cada cerdito coge una teta (en propiedad) para todo el tiempo que este mamando hasta el destete. Generalmente estos cerdos se mantenían durante dos o más años sacándoles adelante con los desperdicios de la casa. Todos los cerdos del pueblo eran de particulares, estos se agrupaban al cargo de un guarda ( el porquero ) en el corral de concejo para salir más tarde al aprovechamiento de pasto y rastrojeras por el campo durante el día, al llegar la tarde se les daba suelta a la manada, cada uno de ellos corriendo por las calles del pueblo para llegar cuanto antes al corral o pocilga donde su dueño le tenía una cena con los desperdicios de la casa, unos salvados con mondas de patatas o unas berzas cocidas calentitas. Algunos de ellos se entretenían buscando algo de comer en los muladares que había por las calles del pueblo, las cagadas de las gallinas es un manjar para los cerdos. El cerdo tiene una gran inteligencia, alguna vez hemos visto como abren las puertas quitando el cerrojo para juntarse con sus hermanos, son capaces de recorrer varios quilómetros por el olfato, son especialistas en la recolección de trufa etc. etc.

A los cerdos como a otros muchos animales les gusta el fango para revolcarse y así librarse de los molestos insectos, en las tres o cuatro charcas que había en el pueblo hozando hacían el barro que se impregnaba bien en la piel. Los machos son peligrosos cuando las hembras están en celo. El cerdo tiene muy buen olfato, hozando encuentran lombrices y tubérculos, destrozan campos sembrados si tienen esta oportunidad, para evitar todo esto cuando no salían al campo. Con unas tenazas especiales se les ponía una o dos anillas en el hocico para que no puedan hozar. Cuando salían al campo no se les ponía este “adorno“ para que pudieran hozar.
La alimentación de la familia principalmente dependía del cerdo, junto a patatas, huevos y leche. El cerdo ha jugado un papel muy importante en la vida del pueblo, la mayoría de los platos se elaboraban con los productos típicos que se producían del cerdo. La sangre con cebolla, las criadillas, (mucha gente no sabe que son las criadillas) aun se siguen vendiendo en casquerías. Los chorizos, jamones………. El cuerpo del cerdo es muy similar al nuestro, en época de matanzas gustaba escuchar algunos “matarifes “explicando y comparando el cuerpo del cerdo con el nuestro.

El Sr. Pepe se dedicó varios años a la cría y engorde de cerdos contrataba fincas en Extremadura para el aprovechamiento de pastos y bellotas. Trabajo duro es el varear las bellotas, el mejor pienso para obtener el jamón “pata negra “. Cuando los cerdos se cebaban en casa era a base de grano, se les tenía a dieta un día a la semana con el fin que limpiaran su estomago para que después comenzaran a comer con más ansiedad. Solían pesar aproximadamente para la matanza unas 11 arrobas (una arroba es 11,500 kgf). Los camperos, son cerdos más pequeños, de un año más o menos, estos comían las bellotas que dejaban los cebones, se les capaba preparándoles como cebones para el siguiente año. Para capar los cerdos venían desde Plasencia dos veces al año unos profesionales descendientes de Terradillos. Les acompañaban dos o tres “cachas “muy preparados para tumbar y sujetar a los cerdos y realizar el trabajo con mayor agilidad y seguridad. Una vez en el suelo el animal el capador pone el pie en el cuello, una palmadita, un corte muy preciso con la cuchilla, presiona con los dedos, mete un dedo hasta llegar a la matriz, la saca, corta, rehace la herida, con un poco de zotál, otra palmadita, dos días sin comer y le desea al dueño suerte con el animal. Los machos son más fáciles de capar, es la misma ceremonia, se presionan los testículos, se cortan, se sacan, zotal, palmadita, sin comer y suerte. El castrar a los animales obedece a que sean más fáciles de dominar y su carne no tenga ese olor a macho.

El ganado vacuno –vacas, bueyes y toros-  hace años, era utilizado para la producción de leche y carne pero, principalmente, para el trabajo. Lo mismo se encontraban labrando la tierra que tirando de una carreta o arrastrando el trillo. Estas razas autóctonas, explotadas para el servicio de sus dueños, se están cambiando por otras que sólo producen leche o carne, mientras que el trabajo que desempeñaban  queda ahora para la moderna maquinaria. Tanto el ganado vacuno, como el mular,  solían trabajar por parejas, formando yuntas. Uncidas al yugo.

Un buey es un toro castrado y todavía se encuentra alguno. De este modo se le domina mejor para el trabajo porque “se le quita la chulería”. Decía un refrán: “con un buen gañan no hay yunta mala“. Las yuntas se formaban con animales del mismo género; pero en Terradillos, Benigno, con una vaca y una mula, hacía pareja para realizar las labores. Todos los animales tenían su nombre, que el dueño invocaba para darles  órdenes, con la ayuda de la “ahijada “y las “guindaletas”; tirando del arado romano para mover la tierra y así favorecer el crecimiento de las plantas, tirando del carro para el transporte de las cosechas, por unos caminos llenos de baches y dificultades  por la pesada carga, tirando del trillo para trillar la mies, dando vueltas a la parva, con todo el calor, hasta desgranar las espigas y reducir la mies. Por los años 70 la Delegación Provincial de Agricultura publicó una circular donde decía: “ en el desuello que se efectúa en muchos mataderos los operarios originan desperfectos en las pieles “ y también decía la circular, “ que la varita de arreo ( la ahijada ) con un clavo en su punta “ originaba desperfectos en los animales, dando lugar a la queja de los fabricantes de curtidos.

Domar a los bueyes, vacas, caballos, etc. etc. para trabajar no era tarea fácil. Lo más común era, unir en el yugo, con las coyundas a los cuernos de uno domado, otro que se quiere domar. Los bueyes tienen la fuerza de tiro en la cabeza y las mulas en el pecho. Una vez domados había concursos de “ara”. El dueño, con su yunta, comenzaba abriendo un surco desde el pueblo hasta el alto del monte, en línea recta, saltando los obstáculos que tenía. Los propietarios de estos bueyes querían demostrar que sus animales eran los mejores, los más fuertes. En las peleas, generalmente, los bueyes no se mataban. Cuando luchaban, el perdedor salía corriendo, otra cosa eran los novillos. Para conocer la edad de algunos animales es necesario conocer los dientes de leche y los de adulto. También se puede saber, en el vacuno, contando el número de anillos que tienen en los cuernos.

Para fabricar los yugos se usaba la madera de negrillo bien seca. Estos trabajos se hacían en invierno, cuando no se podía salir al campo a hacer las labores. Con un martillo, un escoplo, la azuela y un barreno, se hacían las gamellas necesarias, según los modelos de yugos, para arar, aricar o para el carro. El arado romano también era de fabricación propia.

Otro “artilugio”muy eficaz para los vaqueros era la “honda“, que manejaban con gran precisión. Consistía en una pequeña badana, a la que se le ponían dos cuerdas, de las que una iba sujeta a un dedo de la mano. Se ponía una piedra en el cuero, se daban unas vueltas al aire y se lanzaba, bien para asustar al animal o bien dirigida a los cuernos con gran precisión. Según la Biblia, ya el pastorcillo David derribo al Gigante Goliat, con una honda.

En invierno los bueyes pasaban mucho tiempo en los corrales y se refugiaban del mal tiempo debajo de las tenadas o en los comederos (los gorriones también encontraban en esos meses comida y refugio entre la ripia). En estos corrales no faltaban los comederos con sus pesebres y una argolla para sujetarlos. Los mozos tenían otro lugar de “divertirse “, entre postura y postura se entretenían jugando a la gallina ciega en el pajar, para entrar en calor. Era muy común llevar a los animales que se habían extraviado al corral del concejo donde su amo podía recuperarlos previo pago de una multa, según las ordenanzas.

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