EL TRATO EN TERRADILLOS

A la hora de comprar o vender es donde está la pérdida o la ganancia. En las ciudades o pueblos tenían lugar las ferias, podían ser los sábados, los quince de cada mes, o algún día señalado generalmente por los Ayuntamientos. Era el lugar donde se compraban, vendían, o cambiaban animales u otros objetos. Por la feria de Alba la gente de los pueblos acudía y hacerse con los útiles necesarios para el verano. Había tratantes profesionales que se ganaban la vida comprando, vendiendo, y recorriendo ferias, en Terradillos había algún “ aficionado “ estas personas se dan pronto a la confianza y tratan de tu a tu al ganadero, empleando una técnica de picaresca de palabras y gestos digna de ver, uno pide y el otro ofrece, cantidades exageradas hacia arriba o hacia abajo, pasado un tiempo de bromas  o chistes se van poniendo de acuerdo en el precio, uno de ellos se va para disimular, encuentra a un conocido, después de explicarle la operación sobre la que él andaba le manda en su lugar, el, vuelve más tarde, sigue hablando y llegan a un acuerdo. ¡Cerrado el trato! preguntan los mirones  ¿en cuánto? nadie lo sabe, ni te dirán la verdad. Acuerdan el modo de pago, de traslado o entrega, normas que generalmente se respetaban. Los Bastones de Alba y otros se ganaban la vida para llevar a los animales por caminos o cordeles  a su lugar de destino, no era tarea fácil, generalmente era ganado vacuno, cerriles, muy agiles, no se les podía poner bozales para que no entraran en el sembrado, tenían que ir entregando por los pueblos los animales encomendados por sus dueños donde estos les esperaban para reconocerles.

Pero algo digno de ver y escuchar era un trato donde intervenían los gitanos. Los gitanos no tenían un oficio conocido, cambiaban las ocupaciones según la necesidad, vivían a su aire, no acudían a la escuela, no les gustaba respetar un horario, la movilidad era su vida y los puestos de trabajo que ocupaban eran los que les dejaba la sociedad, sacando sus largas familias adelante como mejor pudieran. La facilidad para vender, comprar, e intercambiar era muy distinta a la de los payos, eran superados con éxito. No sabían leer, ni escribir, y tampoco de cuentas, pero pocos payos les engañaban, su habilidad, inteligencia e ingenio lo demostraban. Su especialidad era el trato de burros, caballos o mulas, estos tratos eran dignos de presenciar, parecía más una obra de teatro que de vender un burro, es difícil imaginar cómo preparaban el cambio o venta de un animal a un payo (casi siempre perdía este).

En las ferias de Alba o Salamanca cuando veías un corro en la zona de las caballerías, había trato, aquel corro aumentaba para observar cómo comprar o vender, comprar barato y vender caro………”  Tuerto no lo es, ciego ya lo ves “decía el gitano al payo cuando le vendía el burro viejo, este no podía con las culpas, el gitano le arrimaba la caya y espabilaba, estaba cayendo el payo en el engaño, hacían el trato, pagaba, al momento desaparecían todos los gitanos y el burro no ve. En los tratos siempre había un intermediario, un soplón, un buscador de clientes y el tonto, al cerrar el trato y cobrar, por arte de magia todos desaparecen.

 

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