LA ESCUELA EN TERRADILLOS

El modelo de escuela unitaria que había en Terradillos era el que tenían muchos pueblos pequeños: un maestro impartía clases a todos los alumnos agrupándolos según su criterio. Nuestros padres fueron a la escuela unitaria de Palomares, mas tarde se construye una escuela en Terradillos no dispongo de datos y fecha de construcción de dicho edificio, que hoy está destinado a centro social. Al quedarse pequeño decide aprobar el Ayuntamiento en sesión del 11 – 2 – 1950 la construcción de un nuevo edificio como escuela de niñas por un importe de 52.360.39 pts. Según Proyecto Técnico firmado por D. Joaquín Secall y Lozano. Los albañiles de Palomares, Gonzalo y  hermanos ejecutaron la obra con pizarra de las canteras y cemento.

Por aquellos años había dos escuelas y dos maestros. Cada uno tenía su vivienda. Recuerdo a D. Lino que me daba clase y, por la noche, íbamos a su casa al paso. En la escuela pequeña y mayores estudiábamos juntos. Teníamos  una enciclopedia con muchas hojas, sin fotos, que contenía de todo: ciencias, matemáticas, historia, etc. etc. Aquel libro pasaba de unos hermanos e incluso a otros e incluso lo aprovechaban los vecinos. ¿Cómo se podía estudiar con esos crudos inviernos, sin calefacción? El brasero más común era una lata de  conservas, de las de kilo, que llenábamos de brasas, que se llevaba desde casa. Algunos compañeros aguantaban con sandalias y calcetines rotos. ¡Así estábamos de sabañones!

Se tienen muchos recuerdos de cuando eres niño. Se creía que ser zurdo era una enfermedad. A los niños zurdos se les obligaba a escribir y usar la mano derecha; porque padres y maestros desconocían los problemas que puede causar el cambio de lateralidad. Sin este conocimiento, la varita del señor maestro hacia su trabajo. Después de esta enseñanza la mayoría de ellos hacían cosas con las dos manos, algo que los demás no podíamos. La varita del señor maestro tenía la función de marcar en la pizarra, pero a veces la usaba para “domar a fierecillas “con más o menos acierto. ¡A ver las manos!¡junta los dedos !- decía el señor maestro -. Si veía las uñas negras, lo solucionaba con un pequeño golpe que sabia a “peras “, así quedaba todo solucionado y no había más uñas de luto. El castigo nos parecía duro pero pocas veces íbamos con el cuento a los padres porque sabíamos que se multiplicaba por dos. No como ahora, que el niño siempre tiene razón y se la quitan al profesor Había más castigos, casi siempre merecidos, pero al final querías mucho al señor maestro. El salía a jugar al recreo con nosotros, nos llevaba de paseo y el pan con chocolate nos sabía a gloria. ¡Cómo cambian los tiempos ! hoy los niños van cargados a la escuela con unas mochilas llenas de libros que, a sus padres, les ha costado un dineral. Tienen de todo, comen lo que quieren y creo que por poseer tanto, han perdido la ilusión e imaginación que nosotros teníamos para inventarnos juegos y entretenimientos. Y, entonces, una simple onza de chocolate, era un preciado tesoro.

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